El mensaje muestra que los valientes no caen por falta de fuerza, sino por falta de unción fresca: Saúl y Jonatán eran fuertes y experimentados, pero su escudo sin aceite los volvió vulnerables. Así también hoy, un creyente puede tener historia, dones y años de servicio, pero si descuida la presencia del Espíritu Santo, la comodidad, el pecado tolerado y la pérdida de dependencia espiritual comienzan a agrietar su vida interior. Dios recuerda que no existe jubilación en el Reino: cada etapa demanda valentía, santidad y una búsqueda renovada. La verdadera caída ocurre cuando el valiente deja de frotar su escudo con aceite, mientras que la verdadera firmeza nace cuando su fuerza viene del Espíritu y no de su propia experiencia. En resumen: el valiente permanece en pie solo cuando su escudo está continuamente ungido.

Ps Claudia de Bunster

05/12/2025

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