El mensaje «La unción, el poder que no se fabrica» confronta con una pregunta esencial: ¿realmente entendemos lo que pedimos cuando decimos «Señor, unge mi vida»? Porque la unción no se aprende ni se copia — nace del quebrantamiento, no tiene reemplazo en el talento humano, y no fue dada para lucirse, sino para servir y liberar a otros (Isaías 10:27, Zacarías 4:6).
La unción no es el premio de los más capaces; es el fruto de una vida rendida, consagrada y completamente dependiente del Espíritu Santo.