El mensaje resalta que la gloria postrera no depende del brillo externo, sino de quién habita el templo. Así como el sencillo templo de Zorobabel recibió a Jesús y al Espíritu Santo, Dios enseña que la verdadera gloria no está en el esplendor visible, sino en Su presencia. Muchos comparan su vida actual con tiempos donde se sentían más “brillantes”, pero Hageo recuerda que lo decisivo no es lo que fuiste, sino quién habita tu vida hoy. La gloria que transforma no es la que adorna por fuera, sino la que habita dentro y se sostiene con materiales invisibles como obediencia, humildad, fe, pureza y pasión por Dios. Porque, al final, lo que habita vale más que lo que adorna.

Felipe Bunster

05/12/2025

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