El mensaje enseña que el temor no anula la fe, la despierta. David, en medio de persecución y angustia, no niega su miedo, pero elige confiar en Dios. En la “prensa” de la vida, donde la presión parece destruir, Dios madura el carácter y extrae propósito. La Palabra se convierte en el antídoto contra la ansiedad, y la confianza vence la amargura y la duda. Cada proceso difícil revela si nuestra alabanza es emoción o convicción, y nos recuerda que Dios está a favor nuestro. Aunque la aflicción oprima, no destruye; forma y transforma. Por eso, aun en el día del temor, elegimos confiar, adorar y perseverar, sabiendo que la victoria pertenece a los que confían en el Señor.

Ps Claudia de Bunster

13/11/2025

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